jueves, 29 de septiembre de 2011

BOLETÍN Nº 14 OCTUBRE 2011



Boletín
Comunidad Ecumenica Horeb-Carlos de Foucauld
Amistad e Intercesión ecuménica
 Nº 14 – OCTUBRE- AÑO 2011

 http://horeb-foucauld.webs.com

“Ante un mundo lacerado por los conflictos, donde a veces se justifica la violencia en nombre de Dios, es importante reafirmar que las religiones nunca pueden ser vehículos del odio; nunca, invocando el nombre de Dios, se puede llegar a justificar el mal y la violencia. Al contrario, las religiones pueden y deben ofrecer preciosos recursos para construir una humanidad pacífica, porque hablan de paz al corazón del hombre”. (Benedicto XVI y el Espíritu de Asís)
El ecumenismo de Benedicto XVI
CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 17 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).-Publicamos el artículo que ha escrito en “L’Osservatore Romano” el cardinal Kurt Koch, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ante la visita de Benedicto XVI a Alemania del 22 al 25 de septiembre.
En su primer mensaje tras la elección al solio pontificio, ya Benedicto XVI definía como su «causa prioritaria» la tarea de «trabajar con el máximo empeño en el establecimiento de la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo».
Es normal, por lo tanto, que en sus primeros dos viajes a Alemania se hayan celebrado encuentros ecuménicos: en 2005 en Colonia y en 2006 en Ratisbona. El próximo viaje tendrá un acento ecuménico especial, pues Benedicto XVI visitará también Erfurt, donde vivió el reformador Martín Lutero como monje agustino: allí encontrará el Papa a representantes del Consejo de la Iglesia evangélica de Alemania y oficiará una celebración ecuménica. Con Benedicto XVI llega a Alemania un Papa que, por su experiencia personal, conoce muy bien este importante país de la Reforma y que, ya como teólogo ya como cardenal, se ha empleado mucho en la promoción del diálogo ecuménico en Alemania y mundialmente.
Recordemos, a título de ejemplo, el importante papel desempeñado por el cardenal Ratzinger en la Comisión ecuménica conjunta instituida tras la visita del beato Papa Juan Pablo II a Alemania en 1980 y copresidida por el cardenal Ratzinger junto al obispo protestante Eduard Lohse. Ellos avanzaron entonces la propuesta —que dió después sus frutos en las décadas sucesivas— de emprender en los diálogos ecuménicos un estudio orientado a definir si las condenas doctrinales recíprocas del siglo XVI tenían aún un impacto en las partes en diálogo y continuaban dividiendo a las Iglesias. Al respecto, el entonces obispo protestante Johannes Hanselmann ha recordado con gratitud que hay que atribuir al cardenal Ratzinger el gran mérito de haber logrado que, después de varias dificultades, pudiera firmarse por fin la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación en Augsburgo en 1999.
Este compromiso ecuménico siempre se ha acompañado de una intensa reflexión teológica sobre temáticas ecuménicas, a las que Joseph Ratzinger ha dedicado particular atención desde sus tiempos de profesor universitario. El gran capítulo sobre el ecumenismo en el volumen de su Opera omnia dedicado a la doctrina de la Iglesia es un testimonio elocuente del fundamento de cuanto se afirma en la amplia tesis del teólogo protestante Thorsten Maasen, publicada este año en El pensamiento de Joseph Ratzinger sobre el ecumenismo, donde se dice que el Papa es «ejemplar en su esfuerzo de practicar sin componendas una teología ecuménica honesta» y que «ha puesto el acento con tal fuerza» en la necesidad del ecumenismo que «éste deberá encontrar firmemente su lugar en el centro de la Iglesia/de las Iglesias».
De hecho, para Benedicto XVI el ecumenismo tiene un papel central en la Iglesia y en la teología. Así que se puede comprender que hoy vea el ecumenismo amenazado en dos frentes: por un lado, por un «confesionalismo de la división», que se asienta en lo que tiene de específico precisamente ahí donde su especificidad se contrapone a la de los demás; y por otro lado, por una «indiferencia sobre cuestiones de fe», que considera la búsqueda de la verdad como un obstáculo para la unidad. Nadie puede negar hoy la existencia de ambos peligros. Esto hace aún más importante localizar en el ecumenismo la profundidad de la fe. El ecumenismo puede, en efecto, crecer en amplitud sólo si se arraiga en profundidad.
Quien lleva a cabo un recorrido semejante en profundidad logra ver, como hace Benedicto XVI, en acción en las divisiones históricas de la Iglesia no sólo los pecados humanos, sino, en el sentido de las misteriosas palabras de san Pablo —quien dice que «es necesario» que sucedan las divisiones (1 Co 11, 19)—, percibe ahí también una dimensión «que corresponde a un proyecto divino». En esta convicción de fe, el Papa ha exhortado con fuerza creciente a encontrar la unidad ante todo «a través de la diversidad», lo que significa extraer el veneno de las divisiones, acoger lo que en ellas hay de fructífero y tomar lo positivo precisamente de la diversidad, naturalmente en la esperanza de que la división al final deje de ser tal. De hecho, «el auténtico amor no anula las diferencias legítimas, sino que las armoniza en una unidad superior, que no se impone desde fuera; más bien, desde dentro, por decirlo así, da forma al conjunto».
Dado que Benedicto XVI está convencido de que nosotros, como cristianos, podemos «ser una sola cosa, aunque estemos separados», él nos muestra el ecumenismo cada vez más a la luz de su realización, a fin de que reconozcamos el carácter provisional de nuestras propias acciones y no nos obstinemos en hacer lo que sólo puede realizar el Cristo de la parusía. El sentido —sencillo pero fundamental— del ecumenismo reside en el hecho de que «en camino hacia Cristo, estamos en camino hacia la unidad», y en una sociedad cada vez más secularizada tenemos la tarea común de testimoniar a Dios, que nos ha revelado su rostro en Jesucristo.
En este sentido, quien entiende que el fundamento del ecumenismo no es simplemente interrelacional y filantrópico, sino profundamente cristológico, entiende el ecumenismo como una participación en la oración sacerdotal de Jesús mismo, «para que todos sean uno» (Jn 17, 21). En esta profundidad de la fe, nos hallamos ya en el espacio vital del ecumenismo. En efecto, actúa ecuménicamente no tanto quien tiene siempre en sus labios esta palabra, sino quien, aún sin pronunciar el término, penetra en la profundidad de la confesión cristológica y allí encuentra la fuente común de la unidad de la Iglesia. Benedicto XVI recorre coherentemente este camino no sólo en su magisterio cotidiano, sino también con su publicación en dos volúmenes sobre Jesús de Nazaret, que puede leerse como confesión de fe del sucesor de Pedro. Enraizando en la confesión cristológica la tarea ecuménica de la búsqueda de la unidad visible de los discípulos de Cristo, él se deja guiar por una visión cristológica del ecumenismo. De ello se alegraría de corazón Martín Lutero. Tenemos buenos motivos para esperar que sus herederos hagan hoy lo mismo.


Líderes religiosos visitan la "fabrica de la muerte" en Dachau
“Es el deber de las religiones desenmascarar al mal”
 DACHAU, miércoles 13 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- De Rumanía, de Polonia, de Hungría, de Ucrania, de Italia, de Rusia: los líderes religiosos convocados por la Comunidad de San Egidio al encuentro mundial “Bound to Live Together. Religiones y culturas en diálogo”, que se está clausurando en Munich, llegaron juntos al lugar donde se alzaba la barraca nº 28 en el campo de concentración de Dachau.
Aquí se encerraban a los sacerdotes católicos y a los pastores protestantes que en las iglesias expresaban su oposición al régimen nazi o que ayudaban a los judíos y perseguidos a esconderse. Desde 1933 al 1945, el lapso de tiempo en el que el campo estuvo en funcionamiento, se registraron 2.720, de 134 diócesis y de 24 países.
Muchísimos murieron: “Dachau -explica la guía- no era un campo de exterminio; su objetivo era la 're-educación' a través de los trabajos forzados, pero con respecto a las 42.000 defunciones de entre los 200.00 internos durante 12 años, no se puede hablar ciertamente de muertes naturales”.
Los líderes religiosos de todo el mundo, cristianos, musulmanes, judíos y de las religiones de Asia, se reunieron ayer 13 de septiembre en Dachau para una ceremonia de conmemoración que destacó, una vez más, la voluntad de paz y de reconciliación de las religiones.
Las 30 barracas del campo se distribuían en línea a lo largo de una maravilloso avenida flanqueada por álamos plantados por los mismos internos: siendo un campo modelo, abierto a los visitantes desde el inicio de la guerra, debía ser, incluso, agradable a la vista.
“Según la jerarquía del campo -explica la guía- era mejor que te tocase una de las barracas del comienzo de la avenida, de número par, donde las condiciones de vida eran mejores. A medida que se avanzaba hacia el fondo, estaban más atestadas y las condiciones eran peores. El campo construido para albergar a 5.000 prisioneros, tenía 36.000 cuando fue liberado, de todas las nacionalidades. Sobrevivir fue un milagro”.
“Antes de la liberación del campo, el 21 de abril de 1945, -contó el cardenal Jὀzef Glemp, arzobispo emérito de Varsovia- sucedió un hecho milagroso. Los prisioneros polacos rezaban a San José por su liberación e, improvisamente llegó un tanque americano que se había equivocado de camino. De esta manera las SS, que se preparaban para destruir el campo y así todas las pruebas de los crímenes que habían cometido, se dieron a la fuga”.
Pruebas como los hornos crematorios -las SS los asignaron a los sacerdotes católicos porque pensaban que su ministerio los obligaba al secreto en cualquier situación- o la cámara de gas. No hay pruebas de que la de Dachau fuese usada -explica la guía- pero los procedimientos previstos eran siempre los mismos: los prisioneros eran obligados a desnudarse con el pretexto de darse una ducha y a entrar en el lugar donde se metía el gas Zyklon B. Bastaban 30 minutos para morir.
“Treinta minutos no es un tiempo breve para morir -comentó a ZENIT monseñor Pero Sudar, obispo de Sarajevo-, era un larga agonía. Me recordó a la de Jesús: debía morir para redimir a todos los muertos, también a estos”. Llama la atención “la planificación de 'la fábrica de la muerte' pero también que un lugar como este testifica que el mal puede existir y durar, pero al final es siempre derrotado”.
¿Auschwitz y Dachau no deberían servir como memorial para evitar que los horrores pudieran repetirse? Sin embargo, la destrucción de los seres humanos por parte de otros seres humanos se repitió: han pasado sólo 20 años del asedio a Sarajevo.
“El drama de la condición humana -explica monseñor Sudar- es no poder aprender las cosas fundamentales de las experiencias de los demás: ya sea el bien que el mal deben entrar en el espíritu de toda generación”.
“Es difícil -añade- nutrir una voluntad absoluta de mal por parte de cualquiera: es necesario enmascararla con una ficción de bien como el intento re-educativo de Dachau o la necesidad de defenderse en primer lugar del posible ataque de los demás, como sucedió con los serbios en Bosnia”. “Por eso -prosiguió el prelado- en Alemania fue posible que todo un pueblo, condicionado por la propaganda y la mentira, tolerase todo esto”.
“Es deber de las religiones -afirmó monseñor Sudar- pero también de los intelectuales y de los medios de comunicación, desenmascarar al mal para que se le pueda reconocer como lo que es. No existe la guerra preventiva y ni siquiera la de defensa: existe estar contra la guerra o a favor de ella”.
“Queridos amigos jóvenes -invitó el cardenal Roger Etchegaray durante la ceremonia en la capilla de la Angustia- vuestra presencia en Dachau es el signo de vuestro compromiso de deshonrar la guerra allá donde aparezca. Conseguir la paz hoy requiere más heroísmo que vencer la guerra en el pasado”.
“En mi país, Kazajistán, cerca de la ciudad de Karaganda -contó a ZENIT el metropolita Aleksandr del Patriarcado de Moscú- voy a menudo a rezar a lugares parecidos, campos de concentración donde murieron centenares de mártires por la fe. Su testimonio, como el de quienes sufrieron en Dachau, ha demostrado que ninguna dictadura de las ideologías puede vencer, sino sólo un sistema de valores cristianos que son los valores comunes a todos los hombres”.
Nada, en realidad, parece capaz de suprimir la fuerza del espíritu humano. “A los 23 años, en 1943 -relató a ZENIT Max Mannheimer, vicepresidente de la Asociación de supervivientes de Dachau- fui a Auschwitz, después al gueto de Varsovia y más tarde a Dachau. Trabajaba en las canteras de grava y estaba rodeado de la brutalidad y de la violencia. Cuando el campo fue liberado pesaba 48 kilos”. En realidad, un superviviente no es liberado del todo: “la idea del hombre, de Dios, de la sociedad, todo se tambalea”.
“Cuando volví a Checoslovaquia -contó Mannhemeir que es de origen moravo- me encontré con una chica alemana que se opuso al nazismo y cuya su familia fue perseguida por esto. Ella repetía constantemente que Alemania podría haber sido un país democrático”.
“Me enamoré -explicó Mannhemei- y la creí. Por esta razón acepté volver a Alemania y me he pasado los últimos 25 años de universidad en universidad para animar a los jóvenes alemanes en el camino de la democracia y de la convivencia pacífica”.
“Mostrad valentía -concluyó el vicepresidente de la Asociación de los Supervivientes de Dachau en su intervención durante la ceremonia conmemorativa- cuando se trata de defender el derecho y la dignidad de otro ser humano. No sois responsables de lo que sucedió. Pero que no se repita nunca más. De esto sí que sois responsables vosotros”.
Por Chiara Santomiero. Traducción del italiano por Carmen Álvarez

Cristianos en tierra adversa
La Vanguardia 26/09/11 María Paz López Barcelona
Cómo viven los 350 millones de fieles a Jesús que sufren persecución o discriminación | De los 350 millones de cristianos amenazados, 200 millones afrontan peligro de muerte
En los primeros tiempos de sus nuevas vidas en países occidentales, se extasiaban ante las iglesias abiertas e iban a misa cada día, incluso más de una vez, para apurar el cáliz del tiempo perdido. Miles de cristianos, tanto católicos como evangélicos y ortodoxos, han abandonado en los últimos años sus países de origen, algunos de ellos musulmanes, donde la radicalización del islam ha consolidado una persecución religiosa. Otros muchos se quedan por falta de recursos económicos para emigrar, por convicción religiosa o porque, en definitiva, se trata de su patria.
Es difícil atinar con las cifras del acoso, debido a la poca democracia, las deficientes estadísticas y la opacidad informativa de los países en cuestión. Con todo, según el Informe 2010 de libertad religiosa en el mundo –que elabora cada año Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), asociación internacional dependiente de la Santa Sede–, unos 350 millones de cristianos sufren persecución o discriminación en el mundo, de los cuales 200 millones afrontan peligro de muerte. Un tercio de la población del planeta es cristiana: 2.100 millones de fieles, de los que 1.180 millones son católicos.
"Allí donde no hay libertad religiosa, no hay tampoco libertad democrática", alerta Javier Menéndez Ros, director de AIN-España, que en la reciente Jornada Mundial de la Juventud de Madrid con el Papa organizó en la capital una exposición fotográfica sobre cristianos perseguidos. Fueron a verla 8.000 personas en una semana. Las masas de jóvenes católicos que tomaron Madrid en agosto constituyen una estampa de normalidad inconcebible en otros lugares del planeta.
Los cristianos de Iraq lo saben bien. "Durante la dictadura de Sadam Husein los cristianos no éramos ciudadanos de primera clase, pero no éramos perseguidos –explica Raad Salam, iraquí nacionalizado español, que vive aquí desde hace casi veinte años tras escapar del régimen de Sadam–. Desde la guerra del 2003 que llevó al gobierno a los chiíes, el radicalismo islámico persigue cada vez más a los cristianos".
Para Salam, recordar a los europeos el riesgo que arrostran los cristianos en algunos países es imperativo moral, porque "la sociedad occidental parece no darse cuenta, está adormecida, sólo reacciona cuando hay muchos muertos". Con todo, se ha visto una toma de conciencia al respecto tras las matanzas en Iraq, los asaltos a iglesias coptas en Egipto, o los asesinatos de políticos cristianos pakistaníes que defendieron a Asia Bibi, católica condenada por la ley de blasfemia.
En tales países ocurre que los cristianos –aunque tengan presencia histórica allí hace siglos– son percibidos como "amigos de Occidente", lo cual los convierte en sospechosos. Esta presunción castiga especialmente a los evangélicos, a quienes se relaciona más con Estados Unidos –potencia detestada por muchos regímenes musulmanes– que a los católicos. En muchas ocasiones, la integridad física no peligra, pero se ven perjudicadas las perspectivas vitales de los fieles porque la ley crea mecanismos opresores: el cristiano no puede opositar o ejercer ciertas profesiones, el clero es acosado, se prohíbe la venta y circulación de Biblias o se impide abrir escuelas y seminarios.
En países musulmanes donde el cristianismo es tolerado, la práctica de la fe conlleva complicaciones, como relata desde Argelia por correo electrónico A.A. (iniciales ficticias), convertido al catolicismo. "El cristiano argelino debe ir siempre a la misma iglesia para ser reconocido por la comunidad; es frecuente que el sacerdote acoja a los fieles en la puerta para reconocerles, pues hay verdadero temor a que entren personas ajenas", explica. No es raro que la policía pare a personas de aspecto físico argelino para preguntarles por qué entran ahí y si son cristianas; "es una vigilancia policial que incomoda a los argelinos y les desanima si quieren ir a iglesias por temor a represalias; en general, los europeos y otros extranjeros no son objeto de tal interrogatorio".
La misa dominical en Argelia es a las seis de la tarde, pues el domingo en el mundo islámico es día laborable; y los viernes suele ser a las diez o las once de la mañana. "Esa es mucho más frecuentada porque el viernes es festivo –aclara A.A.–, pero muchos no pueden asistir por la lejanía de los lugares de culto respecto a sus domicilios (hay personas que recorren 60-70 kilómetros para ir a misa) y porque hay menos transporte público por ser día festivo". Pero lo más duro es el contexto social y familiar: "Las obligaciones familiares del fin de semana en una sociedad donde la vida social es muy invasiva pueden impedir a los fieles ir a misa, sobre todo a quienes viven su fe a escondidas. La ausencia de una persona cada viernes, día de plegaria colectiva para los musulmanes, puede suscitar preguntas en el seno de las familias y levantar sospechas". El converso se mueve en terreno resbaladizo.
Raad Salam, caldeo iraquí, vive en España hace veinte años: "Los caldeos vivíamos en Iraq antes de que llegara el islam"
Llegó a España en 1992, con estatus de refugiado político según la ONU, al haber sido sentenciado a muerte por Sadam Husein y tras haber huido de Iraq. "No me apresaron por cristiano; me condenaron por pacifista subversivo, yo escribía artículos, promovía actos", explica Raad Salam, que por movilización general de reclutas tuvo que participar en la guerra con Irán (1980-88) y en la primera guerra del Golfo (1991). Logró evadirse de prisión porque su padre sobornó a sus carceleros. Como refugiado pasó por España de camino a Estados Unidos, pero al final se instaló aquí. Raad Salam, soltero, de 51 años, vive en Cobeña, una localidad cercana a Madrid. En su país se había licenciado en Economía y en Estudios Árabes e Islámicos, y ya aquí se doctoró en Filología Árabe e Historia del Islam por la Universidad Complutense de Madrid. Es caldeo de nacimiento (la Iglesia caldea, antiquísima, es obediente al Papa), y en octubre viajará al norte de Iraq para convencer a los cristianos iraquíes de que no se marchen al extranjero. "Sé que es egoísta, porque yo sufrí en mi país, allí fui secuestrado y condenado aunque por otros motivos, pero ahora estoy a salvo en España, y les pido a ellos que se queden", dice. Asesinatos y ataques a iglesias han aumentado desde la guerra. En época de Sadam había en el país 1.500.000 cristianos –entre siriacos, caldeos y ortodoxos–, y se calcula que quedan entre 300.000 y 500.000. Los que huyen buscan un lugar seguro en Europa, Estados Unidos o Australia. A Salam le duele también la pérdida cultural que ese éxodo implica. "Los caldeos tenemos una historia antigua, estamos en Mesopotamia desde el siglo I, somos de la Iglesia de santo Tomás, el islam llegó después, y no tenemos por qué irnos de nuestra tierra", recuerda. Los caldeos hablan arameo, pero "la segunda generación que se está criando en Francia o en Alemania ya no conoce el idioma", lamenta. Aunque el islam prohíbe el consumo de alcohol, en época de Sadam se toleraba; excluidos de ese precepto, los cristianos solían vender alcohol. "Empezaron los ataques a tiendas y las amenazas", relata Salam, cuya familia se dedicaba a ese negocio.
Paul, converso argelino, ahora reside en París: "Internet y las redes sociales permiten sentirse menos aislado"
Para un converso, internet es una gran herramienta. "Yo la uso; internet ha sido muy importante en mi camino –explica Paul, argelino residente en Francia que se convirtió al catolicismo–, porque permite escapar del corsé familiar musulmán y consultar otras fuentes, hacerse preguntas". Al convertirse, eligió llamarse Paul por ser san Pablo el apóstol de los gentiles: "Con él, se percibe aún más cuánto sufrió Cristo por todos los hombres, sea cual sea su raza o su condición geográfica". Por correo electrónico desde París, Paul –que prefiere no dar su apellido– alaba internet para quienes se inician en su nueva fe. "Permite contactar con cristianos que pueden acompañarnos en nuestro camino –escribe–. Una de las primeras cosas que hice tras mi conversión fue teclear en Google 'musulmanes convertidos al cristianismo' para ver si otras personas estaban viviendo lo mismo que yo". E insiste: "Cuando uno se ha convertido desde el islam, se empieza siempre por estar solo y por sufrir aislamiento. Internet y las redes sociales permiten sentirse menos aislado". En la foto, Paul –con el rostro pixelado– recibe el saludo del cardenal André Vingt-Trois, arzobispo de París.
Un converso amigo suyo que viajó a Madrid en agosto para una charla de Ayuda a la Iglesia Necesitada explica que le impactó la pregunta de un asistente sobre una niña musulmana escolarizada junto a su hijo, a la que su familia sacó de la escuela cuando se interesó por el cristianismo. El interpelado dice que le respondió que "todo cristiano debe abrir su corazón y su casa a toda persona de otra religión y no debe dudar en compartir su fe con esa persona".
A.A., argelino convertido, vive en Argelia: "El converso es visto como un traidor"
Argelino y converso, como vive en Argelia prefiere no dar su nombre; le llamaremos A.A., y responde por correo electrónico desde su país sobre la diferencia de trato entre cristiano de origen y converso. "La situación no es fácil para ninguno de ambos en un mundo donde la fe cristiana es considerada blasfema –relata–. El converso procedente del islam ha cambiado de religión, lo cual hace que sea visto como un traidor a ojos de la comunidad. Un converso nacido en una familia laica tiene quizá menos dificultades porque la familia puede tolerar su conversión. Pero está la sociedad (amigos, compañeros de trabajo, conocidos...), hostil a que un musulmán traicione el islam para abrazar otra religión. Un converso nacido en una familia musulmana muy practicante se encuentra en una situación más difícil, que un cristiano nacido en una familia cristiana no puede conocer". Entre los obstáculos que afronta, está "el riesgo de las persecuciones morales y físicas". Así, "tiene que vivir su fe a escondidas bajo pena de ser rechazado por su familia, lo que equivale a la muerte social –escribe–. El converso se plantea cuestiones que no se le presentan al cristiano de origen, que es una minoría más o menos aceptada: ¿cómo hacer para vivir, casarse y morir cristianamente a escondidas o perseguido?" Además, lo tiene peor para integrarse en una parroquia. "El cristiano nacido en familia cristiana no tiene problemas de acogida en la Iglesia y en la comunidad cristiana –aclara–, mientras que los conversos son acogidos con mucha prudencia por las iglesias locales, por los problemas ligados a la seguridad y a las persecuciones".
El converso que acudió a la charla de Madrid añade que "la influencia y la intimidación de las familias y del entorno musulmán" obstaculizan la opción individual de cambiar de religión.
Geografía de la intransigencia
Dilucidar qué países son los más peligrosos para los cristianos es complejo. El informe de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) del 2010 analiza 194 países, detecta problemas en 90 y señala graves violaciones a la libertad religiosa –de los creyentes de todas las religiones, pero prestando especial atención a los cristianos– en Arabia Saudí, Bangladesh, Egipto, India, China, Uzbekistán, Eritrea, Nigeria, Vietnam, Yemen y Corea del Norte, pero sin realizar un ranking de mayor a menor. La asociación cristiana internacional Open Doors elabora una lista anual de países donde los cristianos sufren persecución y los ordena por grado de peligrosidad (véase los diez primeros en el mapa, según la lista del 2011). Los cinco que siguen son: Pakistán, Eritrea, Mauritania, Bután y Turkmenistán. También el Departamento de Estado de Estados Unidos publica un informe anual sobre libertad religiosa que analiza la persecución y discriminación a fieles de todas las religiones, no sólo a cristianos, pero sin hacer rankings. Su informe del 2010 destaca vulneraciones en: Afganistán, Arabia Saudí, Birmania, China, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Eritrea, Indonesia, Irán, Iraq, Kenia, Laos, Malasia, Maldivas, Marruecos, Nepal, Nigeria, Pakistán, Rusia, Somalia, Sudán, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Venezuela y Vietnam.

Cada cinco minutos se asesina a un cristiano por razón de su fe
Conferencia de “Luci sull'Est” sobre la persecución anticristiana del s. XXI
ROMA, lunes 26 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- “Cada cinco minutos se asesina un cristiano por razón de su fe. Cada año 105.000 cristianos en el mundo son condenados al martirio. Un verdadero holocausto del que se habla muy poco”. Estos son algunos de los datos que se han proporcionado en la conferencia de Roma titulada “Los buenos serán martirizados. Las persecuciones a los cristianos en el siglo XXI”.
El evento se ha desarrollado en una Universidad Pontificia Lateranense, con ocasión del veinte aniversario del nacimiento en Roma de “Luci sull' Est”, una asociación de voluntariado laico de inspiración católica que, después de la caída de la Unión Soviética, comenzó a enviar libros, rosarios y otros materiales religiosos a los países ex-soviéticos.
Entre los participantes destacan: el obispo de San Marino-Montefeltro, monseñor Luigi Negri; el eurodiputado Magdi Cristiano Allam; el director de Asia News, el padre Bernardo Cervellera y el representante de la OSCE para la lucha contra la discriminación contra los cristianos y director del Centro de Estudios de las Nuevas Religiones (CESNUR), Massimo Introvigne. El moderador fue el periodista Julio Loredo.
Autosuficiencia del hombre
Al tomar la palabra, monseñor Negri afirmó que el martirio de los cristianos es una parte importante en el misterio de la iniquidad, ya que no nace de la maldad, sino de un odio intelectual, ideológico, de la imposibilidad de acoger el mensaje de Cristo y de la “ideología sobre la autosuficiencia del hombre”, “porque todas las ideologías convergen, más allá de sus diferencias, en el hecho de que el hombre se ha convertido en el Dios de sí mismo”.
El obispo de San Marino-Montefeltro habló después del “carisma del martirio” como de “la confirmación más grande del Espíritu de Dios”. “La modernidad -añadió- termina en el ateísmo, y el ateísmo acaba en la violencia. La verdad ideológica no es inclusiva, sino que se afirma en la exclusión de lo que es distinto. Por esto, en los regímenes totalitarios los diferentes eran eliminados”. En definitiva, una lógica férrea en la que no entran el satanismo y la corrupción”.
El prelado habló después de una ideología que se apoya en los poderes fuertes, definida por Benedicto XVI como tecnociencia, y concluyó diciendo: “Los mártires existen y con su contribución nos invitan a ser cristianos auténticos”, ya que “los testigos apasionados de Cristo, son incansables comunicadores de su vida divina a todos los hombres”.

Emergencia humanitaria
“La intolerancia, la discriminación y la persecución a los cristianos de hoy -dijo Massimo Introvigne – es una emergencia humanitaria que nos afecta a todos. Un problema para la sociedad civil”.
“En el libro World Christian Trends AD 30-AD 2200, el investigador David Barrett fija el número de los mártires cristianos en el mundo en 70 millones, 45 millones de los cuales se han producido en el s.XX -precisó Introvigne-. El número desciende a 160.000 en la primera década de este siglo y se calcula que serán unos 105.000 en la segunda década. Esto significa un mártir cada cinco minutos. Asesinados no por razones bélicas sino por motivos religiosos”.
Lo curioso, añadió el director del CENSUR, es que “todos sienten simpatía por las víctimas, pero también existe un asesino. Pero 'sobre esto os escucharemos en otra ocasión' como decían a San Pablo”. Entre los asesinos cabe destacar al fundamentalismo islámico, como en Pakistán, donde la apostasía conlleva la pena de muerte y se considera una blasfemia no creer en el Islam. Refiriéndose a esto, Introvigne habló de otros 34 casos de condena a muerte similares al de Asia Bibi. Aunque también hay regímenes comunistas, como el de Corea del Norte o China. Además de nacionalismos religiosos como en India e Indochina.
“Y en un plano distinto al del asesinato o la tortura -precisó Introvigne- existe entre nosotros la intolerancia que es un fenómeno cultural; después está la discriminación que es un fenómeno jurídico, para llegar al de la violencia que entre nosotros es más raro” como en Francia, donde la “policía señala que hay un ataque a una iglesia cada dos días”.
El caso de China
El padre Bernardo Cervellera, observador atento de las cuestiones religiosas en los países orientales, profundizó en la situación de China, de la que, actualmente, tenemos una imagen “turística, con grandes rascacielos, una renta media elevada”, pero donde no se respetan los derechos humanos y que lleva adelante una persecución religiosa “como no se veía desde los años '50.
El director de AsiaNews cito a los muchos casos de obispos que están retenidos por la policía porque se han negado a adherirse a la Iglesia patriótica. “Recientemente, antes de las Olimpiadas de 2007, 37 obispos clandestinos fueron sometidos al arresto domiciliario”. El padre Cevellera consideró importante en esta situación “el trabajo realizado por Juan Pablo II y Benedicto XVI, gracias al cual muchos obispos del partido han pedido perdón y han vuelto a la Iglesia”.
“Y el hecho de que la Iglesia esté más unida que en los años '80 explica también el incremento de la persecución”, un aspecto que testimonia en el fondo “un gran fracaso del partido comunista chino, después de 60 años de persecución”. Pero más allá de las persecuciones -concluyó Cervellera- hay esperanza. En este país, actualmente, desean la fe millones de personas y cada año piden ser bautizados unos 150.000 chinos”.

Identidad
El eurodiputado y periodista Magdi Cristiano Allam recordó que, en los países islámicos, “de 10 perseguidos siete son cristianos y desde 1945 hasta hoy, 10 millones de cristianos han sido obligados a dejar sus tierras, junto a un millón de judíos”.
El político egipcio de origen islámico indicó que en el caso del Islam, la persecución no es fruto de la ideología sino de razones religiosas y, de hecho, el judaísmo y el cristianismo son consideradas herejías, mientras que el Islam se considera la única y verdadera religión llamada a convertir a todos.
Allam afirmó la necesidad de adquirir la certeza sobre nuestra identidad y sobre las raíces de nuestra civilización, “si nos convertimos en un terreno baldío, seremos tierra de conquista”.
El ex director del “Corriere della Sera”, que se convirtió al catolicismo y fue bautizado en San Pedro en 2008 por el mismo Papa Benedicto XVI, consideró que “el relativismo es una ideología porque se niega el uso de la razón y se prohíbe valorar los contenidos religiosos, y así se compara las religiones considerándolas iguales, prescindiendo de sus contenidos”.
“Se es cristiano -prosiguió- sólo si se cree en Jesucristo. Si se pone en el mismo plano a Cristo y a Mahoma terminamos disminuyendo la certeza de nuestra fe cristiana, además de no declararnos cristianos y de legitimar el Islam, este es el núcleo del problema. O recuperamos la certeza de lo que somos o nuestra civilización terminará por desaparecer”.
Magdi Allam habló después de las incoherencias: “Si se ultraja a otra religión todos se indignan, pero si es el Papa el ultrajado lo llaman libertad de expresión”. Hoy pensamos amar al prójimo odiándonos entre nosotros, y en la ideología del buenismo aceptamos que el prójimo exija prescindir de nosotros mismos”.
El eurodiputado concluyó recordando que es necesario “tener la certeza de quiénes somos, la certeza de la verdad” ya que hay “valores no negociables, como la sacralidad de la vida y la libertad religiosa”. También invitó a encontrar la fuerza “de testificar la certeza en Cristo en una tierra cristiana. Sólo si somos fuertes por dentro, tendremos la autoridad de pedir la libertad para todos los cristianos del mundo”.
[Traducción del italiano por Carmen Álvarez]







martes, 30 de agosto de 2011

Boletín nº 13 Septiembre 2011


BOLETIN
Nº 13
“COMUNIDAD ECUMÉNICA HOREB CARLOS DE FOUCAULD”
SEPTIEMBRE 2011
http://horeb-foucauld.webs.com


Mensaje vaticano a los musulmanes al final del Ramadán
“Cristianos y musulmanes: promover la dimensión espiritual del hombre”
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 19 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el mensaje del presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso a los musulmanes por el final del Ramadán, titulado Cristianos y musulmanes: promover la dimensión espiritual del hombre y publicado este viernes por la Oficina de Información de la Santa Sede.
Queridos Amigos musulmanes,
1. La conclusión del mes de Ramadán ofrece al Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso la grata oportunidad de dirigiros sus deseos más cordiales de que los esfuerzos generosamente realizados durante este mes traigan todos los frutos espirituales esperados.
2. Este año, hemos creído oportuno privilegiar el tema de la dimensión espiritual de la persona humana. Se trata de una realidad que nuestras dos religiones consideran de primordial importancia, frente a los desafíos planteados por el materialismo y la secularización. La relación de todas las personas con la trascendencia no es un momento de la historia, pertenece a la naturaleza humana. ¡Nosotros no creemos en el azar, estamos convencidos –lo experimentamos- de que Dios hace nuestro camino!
3. Cristianos y musulmanes, más allá de sus diferencias, reconocen la dignidad de la persona humana dotada de derechos y deberes. Piensan que la inteligencia y la libertad son dones que deben incitar a los creyentes a reconocer estos valores que son compartidos porque están fundamentados en la misma naturaleza humana.
4. Es por eso que la transmisión de estos valores humanos y morales a las jóvenes generaciones constituye una preocupación común. Nos corresponde hacerles descubrir que existe el bien y el mal, que la conciencia es un santuario a respetar, que cultivar la dimensión espiritual hace más responsable, más solidario, más disponible para el bien común.
5. Cristianos y musulmanes son demasiado a menudo testimonios de la violación de lo sagrado, de la desconfianza de la que son objeto los que se dicen creyentes. No podemos más que denunciar todas las formas de fanatismo y de intimidación, los prejuicios y las polémicas, así como las discriminaciones de las que a veces son objeto los creyentes en la vida social y política y en los mass media.
6. Estamos espiritualmente cerca de vosotros, queridos Amigos, pidiendo a Dios que os dé energías espirituales renovadas y os presentamos nuestros mejores deseos de paz y de bienestar.
Jean-Louis Cardinal Tauran
Presidente
Arzobispo Pier Luigi Celata
Secretario
[Traducción del original francés por Patricia Navas)
Hacia el encuentro del 27 de octubre en Asís
Carta del cardenal Levada, prefecto para Doctrina de la Fe
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 8 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Por su interés, ofrecemos una carta del cardenal William J. Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe – publicada el 6 de julio en L'Osservatore Romano –, en la que con motivo del próximo encuentro interreligioso de Asís (27 de octubre), reflexiona sobre cómo entiende la Iglesia el diálogo con las demás religiones.
El anuncio de que el próximo 27 de octubre Benedicto XVI peregrinará hacia Asís para una “Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo”, muestra que la experiencia religiosa en sus distintas formas es objeto de la atención de la Iglesia en el tercer milenio. Frente a la actual difusión del ateísmo y del agnosticismo, es necesario ayudar al hombre a salvaguardar o a reencontrar la conciencia de su vínculo elemental (re-ligio) con el origen del que proviene. Esta conciencia, que se hace naturalmente orante, es una condición de la paz y de la justicia en el mundo.
En su libro-entrevista de 1994, el beato Juan Pablo II recordaba el encuentro de Asís de 1986, afirmando que este, junto a las numerosas visitas a países de Extremo Oriente, lo había convencido, más que nunca, de que “el Espíritu Santo trabaja eficazmente incluso fuera del organismo visible de la Iglesia”. Sin embargo, consciente de la delicadeza del argumento, poco después de aquel encuentro, el 7 de diciembre de 1990, enseñaba en su encíclica Redemptoris missio, que el Espíritu “se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acción son universales, sin límite alguno ni de espacio ni de tiempo”.Refiriéndose al Concilio Vaticano II, recordaba que “la acción del Espíritu en el corazón del hombre, mediante las 'semillas de la Palabra', incluso en las iniciativas religiosas, en los esfuerzos de la actividad humana encaminados a la verdad, al bien y a Dios” que prepara “a madurar en Cristo” (nº28). En la misma encíclica, después, no sólo reafirmaba la necesidad y la urgencia del anuncio de la Buena Noticia de Jesús, sino la que comparaba con una “mentalidad indiferentista, ampliamente difundida, por desgracia, incluso entre los cristianos, enraizada a menudo en concepciones teológicas no correctas y marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que 'una religión vale la otra'” (nº36).
En plena sintonía con esta preocupación está también la reflexión teológica y pastoral de Joseph Ratzinger: ya en 1964 manifestó el intento de “definir con mayor precisión la posición del cristianismo en la historia de las religiones y así conferir de nuevo un sentido más concreto a las enunciaciones teológicas sobre la unicidad y lo absoluto del cristianismo” (J. Ratzinger, Fe, Verdad, Tolerancia. El Cristianismo y las religiones del mundo, 17).
La Congregación para la Doctrina de la Fe, por él dirigida, retomará este tema con la declaración  Dominus Iesus sobre la unicidad y la universalidad de Jesucristo y de la Iglesia. El documento, publicado el 6 de agosto de 2000, no pretendía sólo refutar la idea de una coexistencia interreligiosa en la que varias “creencias” serían reconocidas como vías complementarias a la fundamental que es Jesucristo (cfr. Juan 14, 6); pretendía, más profundamente, establecer las bases doctrinales de una reflexión sobre la relación entre el cristianismo y las religiones. Por su relación única con el Padre, la persona del Verbo encarnado es absolutamente única; la obra salvífica de Jesucristo que se prolonga en su Cuerpo, la Iglesia, y también esta es única con respecto a la salvación de todos los hombres. Para ejercitar esta obra, tanto en los cristianos como en los no cristianos, está siempre y sólo el Espíritu de Cristo que el Padre da a la Iglesia “sacramento de salvación”: por esto, no hay, en orden a la salvación, vías complementarias a la única economía universal del Hijo hecho carne, aunque fuera de la Iglesia de Cristo se encuentran elementos de verdad y de bondad (Nostra aetate, 2; Ad gentes, 9).
El encuentro de Asís tuvo una segunda edición el 24 de enero de 2002. En aquella ocasión el cardenal Ratzinger sintió la necesidad de aclarar ulteriormente el significado, haciéndose intérprete de los que se interrogan seriamente a este propósito: “Se puede hacer esto? ¿No será que se le da a la mayoría de la gente la ilusión de una comunión que en realidad no existe?¿No se favorece así el relativismo, la opinión de que en el fondo sólo están las diferencias penúltimas que se interponen entre las religiones?¿No se debilita así la seriedad de la fe y de este modo se aleja a Dios de nosotros?¿no se refuerza el sentimiento de haber sido abandonados?” (Fe, Verdad, Tolerancia, 111). El lector podrá hacerse sus propias puntualizaciones, que no han perdido actualidad. Aquí queremos, sobre todo, preguntarnos: ¿por qué, si estaba tan atento a las posibles interpretaciones erróneas de su beato predecesor, Benedicto XVI ha considerado oportuno peregrinar a Asís en ocasión de un nuevo encuentro por la paz y la justicia en el mundo?.
Una primera indicación la encontramos en el recuerdo del cardenal Ratzinger con respecto al encuentro de 2002. a raíz de la manifestación, él evocaba la figura del hombre vestido de blanco, ya anciano, sentado junto a los demás en el tren hacia Asís: “Hombres y mujeres, que en la vida cotidiana, a menudo se enfrentan los unos a los otros con hostilidad y parecen divididos por barreras infranqueables, saludaban al Papa, que, con la fuerza de su personalidad, la profundidad de su fe, la pasión que destilaba por la paz y la reconciliación, logró lo imposible gracias al carisma de su oficio: convocar, unidos en una peregrinación por la paz, a representantes de la cristiandad dividida y representantes de diversas religiones” (30 Giorni, 1/2002). La religión está muy lejos de distraer de la edificación de la ciudad terrena, sino que empuja al compromiso por ella. Para nosotros los cristianos, esto significa, sobre todo, interceder a Dios, dejando que los demás, a pesar de su diversidad -creyentes y no creyentes, también invitados al próximo encuentro en Asís- se unan a nosotros en la búsqueda de la paz y de la justicia en el mundo. Y, añadía el entonces cardenal, “si nosotros como cristianos emprendemos el camino hacia la paz al ejemplo de San Francisco, no debemos temer el perder nuestra identidad: es entonces cuando la encontramos” (ibidem). No se trata, en resumen, de esconder la fe para encontrar la ventaja de una unidad superficial, sino de confesar -como entonces hizo Juan Pablo II y el Patriarca ecuménico- que nuestra paz es Cristo, y que por esto el camino de la paz es el camino de la Iglesia. El rostro del “Dios de la paz” (Rm 15,33), dice el entonces Joseph Ratzinger, “se ha hecho visible a nosotros cristianos por la fe en Cristo” (ibidem). Y esta paz es una plenitud no sólo ofrecida y transmitida (cfr. Juan 20,19), sino desde siempre acogida por la “Ecclesia sancta et immaculata” (Ef 5,27), como don y como deber con respecto del mundo, que “es teatro de la historia del género humano” (Gaudium et spes, 2). Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: “ obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo” (Ad gentes, 5). Ya que “todos los hombres están llamados a la unidad con Cristo”(Lumen gentium, 3), la Iglesia debe ser fermento de esta unidad para la humanidad entera: no sólo con el anuncio de la Palabra de Dios, sino con el testimonio vivido de la íntima unión de los cristianos con Dios. Y esta es la auténtica vía de la paz.
El eslogan elegido para la próxima Jornada de Asís -Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz- nos ofrece una segunda indicación: para que se pueda esperar realmente, construir, unidos, la paz, es necesario poner los criterios en la verdad. “El ethos sin el logos no existe” (J. Ratzinger, Os he llamado amigos. La compañía en el camino de la fe, 71). Instruido por las dolorosas experiencias de las ideologías totalitarias, el Papa aborrece toda forma se subordinación de la razón a la praxis. Pero hay más. El vínculo original entre el ethos y el logos, y entre religión y razón, tiene su raíz fundamental en Cristo, el Logos divino: Exactamente por esto el cristianismo es capaz de restituir al mundo este vínculo, participando como signo veraz y eficaz de Jesucristo, en su única misión de salvación (cfr. Lumen gentium, 9). Y por tanto, hay que rechazar decididamente “este relativismo que afecta en mayor o menor grado ala doctrina de la fe y a la profesión de fe” (Os he llamado amigos, 71). Pero esto, lejos de constituir un desprecio de las diversas expresiones religiosas o de la dimensión ética, es una apreciación: “Debemos intentar encontrar una nueva paciencia -sin indiferencia- los unos con los otros y por los otros; una nueva capacidad de dejar de ser lo que es el otro y la otra persona; una nueva disponibilidad para diferenciar los planos de la unidad y, por tanto, llevar a cabo los elementos de unidad que en este momento son posibles” (ibidem). No es posible la paz sin la verdad y viceversa: la actitud hacia la paz constituye un auténtico “criterio de verdad” (J.Ratzinger, Europa. Sus fundamentos hoy y mañana, 79).
Publicado el 01.07.2011
Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos
DARÍO MENOR | “El diálogo necesita mucha paciencia y mucha sensibilidad diplomática”. Esta es una de las claves que ofrece el cardenal suizo Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, para que tenga éxito el ecumenismo, una de las prioridades del pontificado de Benedicto XVI.
Con gran experiencia en la relación con las otras Iglesias, con el islam y con el judaísmo tras su paso por el vértice del episcopado helvético y del Consejo Suizo de Religiones, Kurt Koch destaca la “generosidad” del Papa al permitir que comunidades cristianas como la anglicana entren en comunión con Roma conservando su liturgia. “Siempre digo que si quieren entrar en nuestra Iglesia, no deben dejar nada. Pueden traer toda su fe y espiritualidad y aquí recibirán todavía más”, apunta el cardenal.
Abierto y con sólida formación, ha madurado gracias a la experiencia en su país una sólida opinión sobre cómo favorecer la integración de los inmigrantes musulmanes en Europa. “Para ellos, el problema es nuestra sociedad absolutamente secularizada. Una sociedad que quiere que la religión sea solo una cosa privada no es capaz de entablar un diálogo interreligioso”.
- Su dicasterio mantiene conversaciones con quince comunidades cristianas diferentes. ¿Cómo se organiza el trabajo?
- Tenemos dos sectores: el del Este y el del Oeste. El primero se dedica al diálogo con los ortodoxos, con quienes mantenemos la Comisión Internacional para el Diálogo entre ambas Iglesias. Dimos un gran paso adelante en Rávena, donde católicos y ortodoxos declararon que la Iglesia necesita un protagonismo entre pares a nivel local, regional y universal. Hemos hablado sobre cómo fue realizado el primado del obispo de Roma durante el primer milenio, que es común para ambos. Establecimos dos semanas de diálogo, una en Chipre y otra en Viena, para profundizar sobre esta cuestión histórica, pero luego los ortodoxos no quisieron continuar.
- ¿Cuántos años o siglos deberemos esperar para ver un acercamiento más intenso con la Iglesia ortodoxa?
- Se deben dar todavía algunos pasos. Nosotros hemos decidido continuar con una disposición más teológica, entre primado y sinodalidad de la Iglesia. Tenemos que ver cómo va en el futuro el trabajo de la citada Comisión para el Diálogo.
Ortodoxos y anglicanos
- ¿Dónde encuentra la Iglesia católica un interlocutor más abierto con el mundo ortodoxo: en el Patriarcado de Constantinopla o en el de Moscú?
- Estuve en Estambul para la gran fiesta de San Andrés, cuando me reuní con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla. Bartolomé I es un hombre muy gentil y muy abierto al ecumenismo, sobre todo respecto a la Iglesia católica. Ofreció una gran hospitalidad en su patriarcado durante los dos días en que celebramos la festividad de San Andrés. Fue un viaje muy bueno. En marzo visité a Kiril I, Patriarca de Moscú. Conozco desde hace mucho tiempo al Metropolita Hilarión, y sé que con ellos podemos discutir bien los pasos futuros. Para mí es muy importante tener relaciones personales con todos los interlocutores. Solo así puede alcanzarse el objetivo último de este diálogo: la plena comunión eclesial. En el último milenio, las dos Iglesias han evolucionado por vías distintas: por nuestra parte se ha acentuado el papado, mientras que los ortodoxos han desarrollado la autonomía.
- El Papa ya ha visitado Turquía. ¿Piensa que podemos imaginar un viaje de Benedicto XVI a Rusia o Ucrania?
- Podemos imaginar cualquier cosa. En cualquier caso, antes de esperar algo así, habrá que esperar a las próximas conversaciones que mantendremos en Moscú.
- Hablemos ahora del sector Oeste. ¿Cómo está siendo la relación con los anglicanos después de la creación del Ordinariato para los miembros de esta Iglesia que desean su comunión con el catolicismo?
- Aquí en Roma, en la Curia, hacemos una diferencia entre los obispos, sacerdotes y fieles anglicanos que quieren entrar en la Iglesia católica, que tratan con la Congregación para la Doctrina de la Fe, mientras que nuestro Pontificio Consejo continúa trabajando en el diálogo ecuménico. Es previsible ahora que en otros países suceda lo mismo que ya ha ocurrido con los anglicanos del Reino Unido. Si estos anglicanos quieren entrar en nuestra Iglesia, el Santo Padre no puede decir que no. El Papa debe abrir la puerta. Pienso, además, que Benedicto XVI es muy generoso cuando dice a estos cristianos que pueden venir a nuestra Iglesia conservando su liturgia. Supone una gran apertura. Esta situación es el fruto del diálogo ecuménico, el cual ha mostrado que muchas cosas son comunes entre la Iglesia católica y la anglicana. Pensemos, además, que se trata de una situación dolorosa, pues, para nosotros, católicos, es importante también que la Iglesia anglicana esté unida.
- ¿Cuáles son los países, además del Reino Unido, donde se está trabajando para que las comunidades anglicanas que lo deseen entren en comunión con el catolicismo?
- No lo sé. No puedo decírselo de forma precisa, ya que no soy yo el responsable. Algunas comunidades anglicanas vienen a nosotros, pero la responsabilidad, como le digo, es de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
- Hablaba antes de la importancia del ecumenismo, que ahora permite recoger frutos en la relación con los anglicanos. ¿Será este caso un modelo para futuros acercamientos entre la Iglesia católica y otros cristianos?
- No se puede decir nada preciso porque no hay ninguna invitación de nuestra Iglesia a las otras comunidades para que vengan a nosotros. Son las otras Iglesias las que nos lo piden.
- Su experiencia ecuménica en Suiza ha pesado en la decisión de Benedicto XVI de situarle al frente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. ¿Qué bagaje tiene de su paso por la presidencia de la Conferencia Episcopal helvética y por el Consejo Suizo de Religiones?
- Lo primero que me dijo el Papa después de proponerme esta responsabilidad fue que quería un obispo que conociese las Iglesias que han nacido de la Reforma, no solo a través de los libros, sino de la propia experiencia. El Santo Padre tiene mucho interés en el diálogo con las Iglesias nacidas de la Reforma. Hay un gran mundo dentro de la Reforma. Entre sus Iglesias no se ven grandes tendencias de unificación, sino que, por el contrario, se va hacia una mayor fragmentación. Esto supone un problema para nuestro Pontificio Consejo, ya que todas las nuevas comunidades quieren mantener un diálogo con nosotros. Aquí tenemos las puertas abiertas a todos los que quieren dialogar pero, por otro lado, hay que ser prudente, ya que la confederación mundial de los luteranos y los reformadores se entristece porque nosotros hablemos con estas nuevas comunidades, que no están unidas a esta confederación.
Abiertos al diálogo
- Se trata entonces de una diplomacia del diálogo…
- El diálogo necesita mucha paciencia y mucha sensibilidad diplomática.
- Hablaba antes de la generosidad del Papa cuando ha permitido el retorno de los anglicanos a la comunión con Roma respetando su liturgia y su especificidad. ¿Cómo enriquece a la Iglesia católica esta nueva comunidad?
- Se debe hacer una diferencia entre la Iglesia anglicana y las Iglesias de la Reforma, ya que el inicio de aquella no viene de la Reforma de Lutero, sino que se debe todo a una cuestión privada del Rey de Inglaterra de entonces, a quien el Papa no le reconoció su segundo matrimonio. Los anglicanos siempre estaban más cercanos a Roma que los otros cristianos reformistas. Siempre digo respecto a estas otras comunidades que si quieren entrar en nuestra Iglesia, no deben dejar nada. Pueden traer toda su fe y espiritualidad y aquí recibirán todavía más.
- ¿Qué significan estas adhesiones para un católico? ¿Son una muestra de que su Iglesia está abierta a todos?
- Sí. Pienso también que, en el ecumenismo, una conversión siempre debe ser posible. Una conversión es una cuestión de conciencia de una persona sola y nosotros debemos respetar estas decisiones de conciencia.
- Ha habido voces que afirman que los anglicanos que han pedido la comunión con Roma son demasiado conservadores. ¿Está de acuerdo?
- Depende de cómo se defina ser conservador. Esta ruptura de la comunidad anglicana se debe a cuestiones que también sufre nuestra Iglesia. Son, sobre todo, por la ordenación de las mujeres y por la bendición a la unión entre dos hombres, por lo que no hay diferencia con el matrimonio entre un hombre y una mujer. Los que vienen con nosotros están convencidos de que nuestra Iglesia se mantendrá fiel a las tradiciones, aunque sabemos que en la Iglesia católica tenemos los mismos problemas.
- El nombramiento del luterano suizo Werner Arber como presidente de la Academia Pontificia de Ciencias ha sido un gesto hermoso. ¿Podemos esperar más gestos similares?
- No pienso que, en primer lugar, sea necesario tener la misma confesión cuando se trata de expertos en los diversos campos de nuestra sociedad y de nuestra ciencia. Si un hombre es experto en un campo científico determinado, pienso que es un buen gesto que el Papa le elija para desempeñar una responsabilidad.
El fruto del Vaticano II
- ¿Aunque se trate de una persona que sea de otra confesión?
- Si es necesario, por ejemplo para el diálogo ecuménico, pienso que no sería un problema, aunque yo no soy el responsable de nombrar a estas personas.
- Se habla mucho del ecumenismo en la Curia, pero ¿piensa que le interesa al católico de a pie?
- Sí, este es el gran fruto del Concilio Vaticano II, tras el cual el ecumenismo se ha convertido en una realidad en las parroquias, en los movimientos y en todos los sectores de la Iglesia. Muchos se han comprometido en este desafío ecuménico. Hay fieles en la Iglesia católica que piensan que el ecumenismo avanza demasiado despacio. Otras personas sostienen que este perjudica a la Iglesia. Hay creyentes de todas las tendencias, aunque creo que la mayoría está a favor del ecumenismo. Juan Pablo II, quien lo llevaba en el corazón, decía que el movimiento ecuménico es irreversible, no tenemos una alternativa, porque es un mandamiento de nuestro Señor.
- Permítame que le haga una pregunta relativa a su anterior responsabilidad como presidente de la Conferencia Episcopal Suiza. Su país es un buen ejemplo de lo que está ocurriendo en Europa con el desafío de la integración de inmigrantes que practican otras religiones. Cuenta, además, con diferentes Iglesias. ¿Cómo cree usted que resulta más fácil la convivencia: a través de comunidades que estén bien diferenciadas o por medio de la asimilación?
- En Suiza existe una buena convivencia ecuménica. El 42% de la población es católica mientras que el 39% es protestante, más o menos. La convivencia entre ambas comunidades es muy buena. Pienso que ocurre lo mismo con las otras religiones: hay una apertura. La votación sobre los minaretes de las mezquitas era un caso especial. La presencia de los musulmanes en nuestra sociedad y en nuestra cultura no está exenta de problemas. Creo que los políticos no han estimado de forma suficiente este problema. Si la gente puede votar sobre una cuestión específica, da una respuesta general. En Suiza, la gente votó sobre diversas cuestiones, no sobre los minaretes. Han dado una señal mostrando que no es adecuado cómo se ha tratado hasta ahora esta cuestión.
- ¿Cómo debe tratarse, en su opinión, entonces a los inmigrantes musulmanes en la sociedad europea?
- Es necesario que haya una profundización de un diálogo interreligioso auténtico. Este es el gran desafío de nuestros países, porque en sus sociedades está muy latente la tensión de privatizar la religión. Se intenta mostrar que esta es algo privado del individuo y que no tiene una dimensión pública. Esta concepción de la religión no ayuda al diálogo interreligioso.
Símbolos religiosos
- ¿Piensa que sería más fácil la integración de los inmigrantes musulmanes, que tienen una clara identidad religiosa, si los europeos tuviéramos también una identidad religiosa clara, en nuestro caso cristiana?
- Sí. Para los musulmanes que vienen a nuestros países, el problema no son los cristianos, sino una sociedad absolutamente secularizada. Una sociedad, que, repito, quiere que la religión sea solo una cosa privada, no es capaz de entablar un diálogo interreligioso. Este es, para mí, el gran desafío. Nuestra sociedad está llena de signos públicos, de la policía, del ejército, de la música y de todo tipo de asociaciones. Ninguna tiene problemas para mostrar sus signos en la publicidad. Los únicos que provocan problemas son los signos religiosos. Esta situación muestra que nuestra sociedad no tiene una relación sana con la dimensión de la religión. Es un gran obstáculo para la integración de personas de otras religiones.
En el nº 2.760 de Vida Nueva.
OLEGARIO GONZÁLEZ:
«ESPAÑA ES HOY MÁS CATÓLICA QUE HACE 50 AÑOS»
Dirige un seminario sobre cristianismo
Es sacerdote y teólogo. Tiene el Premio Ratzinger de Teología 2011. «Hay nacionalismos que para elevar su dignidad, desprecian, reducen y esclavizan a los demás», afirma.
 Actualizado 12 julio 2011.- Nieves Bolado/El Diario Montañes


Es, casi con seguridad, el teólogo más importante que tiene España. El Papa Benedicto XVI se refiere a él como «mi amigo Olegario». Olegario González de Cardedal. ´Premio Ratzinger´ de Teología, se encuentra en Santander dirigiendo el seminario ´El hombre en alternativa. Postmodernidad y cristianismo en España´.
-Fundó la Escuela Karl Rahner-Han von Baltasar dándole el nombre de dos teólogos. ¿Su objetivo?
-Tomar el pulso cada año de la teología y cultura españolas y ponerlas en diálogo. Saber cómo se interaccionan en España un tipo de cultura nueva, la postmodernidad, y el cristianismo en el siglo XX.
-Explíquelo para un profano.
-La modernidad propuso devolver al hombre su protagonismo en la Historia, su dignidad, su libertad y su emancipación. Esos grandes ideales perdieron su legitimidad en la segunda mitad del siglo XX porque el progreso, la paz y la felicidad prometida no llegaron y sí lo hicieron una sucesión de guerras europeas que hasta la de los Balcanes costaron 150 millones de víctimas de todo tipo, y con ellas, la muerte de esas grandes promesas.
-¿Qué hemos perdido en el último siglo?
-Dios ha dejado de tener peso en las conciencias humanas y con ello lo que da sentido a la vida: verdad, fundamento, futuro, esperanza... Hemos quedado reducidos a vivir exclusivamente a la inmediatez, buscando ídolos.
-Ponga nombre a esos ídolos.
-Por ejemplo, los nacionalismos elevados. La nación, la raza, el progreso, fueron los ídolos a los que se hizo servir a la humanidad y que propiciaron las guerras en el siglo XX.
-Pero los nacionalismos no siempre son una amenaza.
-En efecto. Hay una conciencia de identidad de origen, de cultura propia, cuya reivindicación es legítima; pero hay nacionalismos que para elevar su dignidad se enfrentan, desprecian, reducen y esclavizan a los demás, obligándolos a integrarse en un proyecto que no es el único de una región o de un país.
-¿Incluidos los españoles?
-En la medida que sean reales nacionalismos, valen igual. Elevan al absoluto realidades que en principio son legítimas, pero que no son las únicas que integran la historia y la realidad de nuestra sociedad.
-¿Cuando se comenzó a diluir el catolicismo en España?
-No se ha diluido. Una cosa es la superficie, la espuma ante la que ahora estamos. Creo que hay más vida católica y cristiana en la España de hoy que en la de hace 50 años.
La medición de las conciencias, de la fe profunda, es muy difícil. No porque hayan dejado de aparecer juntos en los salones de los ayuntamientos el gobernador y el obispo, España ha dejado de ser católica. Ahora hay más decisión personal, más grupos de vida, más movimientos decididamente católicos que hace 50 años, con más implicación en la vida personal que en la manifestación pública.
La democracia llegó a España al final de un largo proceso de preparación a la espera de que muriera el dictador, por eso no se produjo una ruptura, porque llegó con la maduración histórica a la que contribuyó el Concilio Vaticano II, al invitar a los católicos a la libertad y a la participación pública.
-¿Hasta qué punto algunas decisiones políticas pueden ser minas contra la sociedad católica?
-La Iglesia existe desde hace 20 siglos. Ha conocido muchas experiencias y la actual situación política española es una minucia en toda esta historia. Por el contrario, hay una gran oportunidad si esas actitudes nos provocan una mayor conciencia y fidelidad religiosa.
-La juventud no está ahí.
-Y no son los responsables. Es la sociedad la que debe reflexionar y preguntarse qué no hace por ellos. ¿Qué les ofrece? Ése es el gran desafío, el de una sociedad que no tiene huecos para integrar la vitalidad que crece. Es el drama de cinco millones de parados que daña en especial a los jóvenes. La falta de trabajo es ausencia de esperanza y dignidad.
-Pues no parece que busquen en la Iglesia una referencia.
-Yo pregunto si la buscan en otros niveles de la sociedad: ¿En la cultura, en la política, en el arte? No. En la Iglesia repercute la misma pasividad, la falta de interés y de ilusión de la juventud por todo. A la vez hay grupos, y no pequeños, ni pocos, de entrega plena al servicio de marginados, de los ancianos... en el seno de la Iglesia.
-¿Que es el 15-M para un teólogo?
-Un reflejo de la situación espiritual de España con una juventud sin trabajo en la que los proyectos políticos de carácter social han desparecido. Es un grito para decir ´existimos´, ´cuenten con nosotros´, ´nos vamos a quedar en una adolescencia eterna´. Hay que preguntarse qué se ha hecho en la economía española para tener cinco millones de parados, preguntarse qué no se ha hecho para frenar esta crisis que otros países del mismo horizonte financiero ya están superando.
-¿Ratzinger o Woytila?
-Woytila era un pastor, un guía de multitudes, un hombre de teatro en el más noble sentido de la palabra, en el que el gesto, la sonrisa era comunicación. Ratzinger es un profesor, un teólogo, la reflexión.
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